Nada revela secretos de otra persona, como sentirla. Nada más elocuente que la conversación entre energías. Las energías de los seres, no se mienten. Hablan entre ellas con claridad. Nada que interpretar, simplemente la verdad, es el idioma. Cuando se trasciende la conversación externa y son las energías las que se comunican, todo tiene un curso luminoso y camino a grandes sucesos de verdadero encuentro entre dos seres. Y sólo entonces, surge la dimensión de la libertad, del amarse sin condiciones y por encima de cualquier estigma alienante. El sentir, habita el inconsciente y sin duda es sutil, delicado, tenue, leve y tangible, pero no desde la materia, sino desde la energía. Allí en el consciente, se encuentra con las palabras que hacen posible explicar el sentir desde la energía; palabras tan precisas que su referencia sea siempre el sentir para no darle un carácter banal a esa experiencia vivida en el sensual profundo y sea comprendida en este plano de las formas. Sentir, el lenguaje para ver aromas y oler colores, escuchar flores y tocar sabores. Sentir, el único lenguaje con el que los seres podemos verdaderamente conocernos y conectarnos, mucho más allá de las externas maneras. Sentir es el secreto. Cuando nos atrevemos a sentir y creer en ello, la vida toma rumbos precisos, inimaginados, desconcertantes para quienes observan, sabios y certeros, conduciéndote cada vez más a tu genuino ser.

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