…y las personas también. Confiar en que las cosas están siendo cómo deberían cuando todo se ve tan caótico, puede ser todo un desafío al alma. Es comprender desde una mirada que va más allá de lo aparente, que debajo de ese caos, hay un movimiento de energía, que lo está organizando todo. Hacia dónde va todo? Ni idea. Ni siquiera hay atisbo de ruta. Lo único que es claro, es soltar la idea ingenua de que tienes el control sobre lo que sucede pero que en esta ocasión, no. Tampoco antes has tenido el tal control sobre nada. Sólo controlas, tu libre albedrío del cómo vives lo que sucede, así exactamente como sucede. Aprender a volar en el viento vertiginoso y tener la certeza de que no vas a estrellarte contra nada. Soltar “asideros”, puede ser muy asustador pero a medida que dejas de aferrarte a lo viejo conocido que ya no toma rumbos diferentes, vas experimentado una libertad incipiente. Siente su aroma y saborea ese apenas de libertad. Libertad de atreverte a dejar lo que siempre has creído tus pisos. Y deja ser el piso sin piso, el no tocar tierra, el flotar, el caer suavemente y aveces no tan suave, en el vacío. Algo más sólido que un piso, aparecerá y allí estarás en pie.

Confía en ese orden que si lleva una brújula, ni tan inusitada, te habita hace mucho, sólo esta tomando forma. Cree sin ver, en esa situación tal cual con sus personas las que son, que sí son lo que parecen.

Cuando viví la Reconexión, momento terapéutico vital en mi vida, esa fue la imagen revelada, flotaba en medio de grandes estalactitas (formaciones alargadas en una caverna), con una bruma densa alrededor, y nunca me estrellaba, aunque no veía nada, sólo a la estalactita cuando ya la tenía encima pero “algo” me protegía para no golpearme.

Confía en tu vínculo con el “algo” y cree que todo esta siendo como debería.

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